La materia orgánica es un componente muy valioso para el suelo, ya que contribuye a sustentar el crecimiento y desarrollo de cualquier planta o vegetal. Es tan importante para el suelo como la presencia de sustancias minerales y tiene su origen natural en la descomposición de los restos de seres vivos.
La materia orgánica es aquélla que está elaborada con compuestos orgánicos que provienen de restos de organismos que alguna vez estuvieron vivos, es decir, plantas, animales y sus productos de residuo en el ambiente natural. Por tanto, la materia orgánica está formada por materia inerte y energía.
También se define como el conjunto de células animales y vegetales descompuestas total o parcialmente por la acción de microorganismos.
Esos residuos de plantas y materiales animales están hechos de compuestos como carbohidratos, ligninas y proteínas.
Los microorganismos descomponen la materia orgánica en dióxido de carbono y los residuos más resistentes en humus.
La presencia de materia orgánica en el suelo es necesaria porque mejora su estructura y su drenaje, calienta la tierra para mejorar el desarrollo de las raíces (actuando como abono), reduce los efectos de la erosión y mejora el aprovechamiento del agua, entre otros beneficios.
La materia orgánica puede ser procesada por combustión o conversión térmica para ser transformada en energía, lo que permite obtener de ella calor y electricidad. Es lo que conocemos como biomasa o bioenergía, una energía renovable que ofrece bastantes ventajas:
También tiene ciertas desventajas, ya que no es una energía totalmente limpia y requiere de una gran cantidad de espacio para poder producirla.
El ciclo de la vida de los seres vivos que se encuentran en el suelo da lugar a la generación de tres tipos de materia orgánica. La diferencia entre ellos se sitúa en su nivel de descomposición.
El proceso de composición de la materia orgánica parte de la propia descomposición de los seres vivos que forman parte de la capa más superficial del suelo. Lo mismo ocurre con la descomposición de los residuos que aportan nutrientes.
Algunos de los elementos que experimentan un ciclo de vida que termina en la generación de materia orgánica son el benceno y los hidrocarburos. Además, entre ellos también aparecen los glúcidos estructurales y de almacenamiento energético como el almidón y la celulosa o la madera de los árboles.
Otros casos son los de la seda que segregan las orugas que experimentan un proceso de metamorfosis que las convierte en mariposa, los huesos de animales y humanos y las defecaciones de los animales.
En definitiva, la materia orgánica se forma por la presencia y por la acción de sustancias y procesos naturales. Lo mismo ocurre con los productos ecológicos, que, además, contribuyen a la preservación del medio ambiente.
Además de la materia orgánica, existen sustancias que se generan sin la intervención de los seres vivos. Estas sustancias forman la materia inorgánica que se crea por las reacciones naturales. Esta es la primera de las diferencias entre materia orgánica e inorgánica, pero hay otras muchas.
Otra de esas diferencias se sitúa en la composición química, que en el caso de la orgánica está formada por átomos de carbono. Mientras que la inorgánica tiene todo tipo de elementos en su composición.
Por otro lado, la materia orgánica es biodegradable y se descompone en base a la intervención de mecanismos biológicos, pero, en lo que respecta a la materia inorgánica, tiene un proceso de descomposición que depende de la atracción electromagnética.
Los combustibles más empleados son de origen orgánico y la materia inorgánica suele ser incombustible. Finalmente, las propiedades físico-químicas de la materia orgánica e inorgánica son distintas.